miércoles, 23 de mayo de 2018

¿Por qué es tan complejo detectar mentiras?


Son muchas las razones por las cuales el engaño es difícil de ser detectado. En primer lugar, nadie nos ha preparado para que seamos buenos “detectores” de mentiras. Además, por regla general, preferimos no pillar a un mentiroso porque una actitud suspicaz enriquece menos la vida que una actitud de confianza (Ekman, 2009). Así, en muchas ocasiones, las personas preferimos hacer lo que haría el avestruz, “esconder la cabeza”, mirar para otro lado, en lugar de tratar de descubrir la verdad y enfrentarnos a sus posibles consecuencias.




Pero además no existen señales fiables (verbales y no verbales) que estén vinculadas únicamente con el engaño. No existe esa nariz de Pinocho (DePaulo, Lindsay, Malone, Muhlenbruck, Charlton y Cooper, 2003), como señal única en la que poder confiar consistentemente para saber si un individuo está mintiendo. Es más, existen creencias y libros que mantienen que determinadas señales están vinculadas a la mentira, cuando esto no es así (evitación del contacto ocular, mirar arriba y a la derecha, hacer pausas, los cambios posturales, etc.). Los estudios rigurosos sobre esta materia (metanálisis) lo que han puesto de manifiesto es que las diferencias de conducta entre los sujetos que mienten y los que dicen la verdad suelen ser pequeñas. Así sabemos que, los sujetos que mienten, suelen proporcionar menor número de detalles, sus respuestas son menos plausibles y llevan a cabo menos gestos ilustradores. Pero el tamaño del efecto promedio encontrado entre estos indicadores y el engaño es pequeño (Cohen, 1977).


Otro motivo añadido es que el mentiroso, sobre todo cuando el engaño tiene gran trascendencia, tratará de evitar ser detectado y procurará parecer creíble, relatando una historia plausible y tratando de controlar su comportamiento (que podría delatarle). Así, evitará exhibir comportamientos que, bajo su punto de vista, puedan crear una impresión deshonesta en los demás. Además, en sus relatos, normalmente mezclará verdades y mentiras, pudiendo resultar la mayor parte del relato una verdad comprobable (Hartwig y Bond, 2011).

Por último, existen individuos que no experimentan emociones cuando están mintiendo (placer, miedo, sentimiento de culpabilidad), tienen un cociente intelectual muy alto, la mentira no les supone mayor carga cognitiva (inventar sobre la marcha una respuesta plausible es complejo), o son excelentes actores (Ekman P., 1997) y dan muestras de aparente honestidad ante las preguntas planteadas.

A esto podríamos añadir el uso de técnicas que, a nivel policial, se han empleado erróneamente en muchas ocasiones. Me refiero a estilos de entrevistas o de interrogatorios más bien acusatorios e incómodos (técnica Reid), en lugar de  basados en un enfoque de recopilación de información. Hoy sabemos que los enfoques coercitivos pueden llevar a personas inocentes a confesar crímenes que nunca cometieron. Así, parece conveniente tratar de crear un clima de calidez (física y psicológica) que facilite la comunicación. Por ello, las últimas investigaciones ponen de manifiesto la importancia de llevar a cabo manipulaciones ambientales que faciliten la revelación de información, en línea con un enfoque de recolección de información más efectivo (Hoogesteyn, Meijer, Vrij y Merckelbach, 2018).

Trabajos citados


Cohen, J. (1977). Statistical power analysis for the behavioral sciences. New York: Academic Press.

DePaulo, B. M., Lindsay, J. J., Malone, B. E., Muhlenbruck, L., Charlton, K., & Cooper, H. (2003). Cues to Deception. Psychologycal Bulletin , 129 (1), 74-118.

Ekman, P. (2009). Cómo detectar mentiras. Una guía práctica para utilizar en el trabajo, la política y la pareja (Segunda ed.). (L. Wolfson, Trad.) Barcelona: Paidós.

Ekman, P. (1997). Deception, lying, and demeanor. En D. F. Halpern, & V. A. E (Edits.), States of mind: American and post-Soviet perspectives on contemporary issues in psychology (págs. 93-105). New York: Oxford University Press.

Hartwig, M., & Bond, C. F. (2011). Why do lie-catchers fail? A lens model meta-analysis of human lie judgments. Psychological Bulletin , 19, 643-659.

Hoogesteyn, k., Meijer, E., Vrij, A., & Merckelbach, H. (2018). Improving the Disclosure of Information in an Investigative Interview: Rapport building and the Physical Environment. Recuperado el 22 de mayo de 2018, de http://www.in-mind.org/article/improving-the-disclosure-of-information-in-an-investigative-interview-rapport-building-and


martes, 8 de mayo de 2018

Los nuevos enfoques en detección de mentiras


En general todos los seres humanos mentimos en múltiples ocasiones, ya sea por temor a las consecuencias (personales, legales o de otro tipo), por no querer asumir responsabilidades, por no querer herir al otro, por querer dañar al otro, por no querer enfrentarse a la realidad, para obtener un determinado beneficio, para ocultar algo, para evitar la vergüenza que supone reconocer algo que se ha hecho y por un sinfín de causas más.




Probablemente las mentiras más difíciles de detectar sean las mentiras cotidianas, las mentiras de bajo riesgo que todos empleamos para evitar la tensión o el conflicto en las interacciones sociales, o para que nos perciban los demás de manera positiva. Normalmente las personas no se sienten mal por contar este tipo de mentiras, por ejemplo cuando alguien le dice a su pareja que es la mujer más atractiva de toda la fiesta. En estas ocasiones preferimos mentir a expresar la verdad de lo que pensamos realmente. Este tipo de mentiras son intrascendentes y no conllevan, a priori, prácticamente ningún tipo de activación fisiológica o esfuerzo cognitivo adicional.

Pero hay otro tipo de mentiras que tienen una enorme trascendencia, como cuando un político niega su implicación en un determinado escándalo, o cuando un contrabandista dice no tener nada que declarar en una aduana, o cuando un sospechoso niega su participación en un crimen que ha cometido. En estos casos resultaría de gran utilidad diferenciar de manera confiable entre quienes mienten y quienes dicen la verdad. Pero dicha distinción es sumamente complicada y a día de hoy no disponemos de ningún sistema, procedimiento o herramienta, que nos permita tal diferenciación con los niveles de precisión deseables.

Hasta la fecha ha habido diferentes enfoques teóricos que han tratado de predecir qué señales verbales y no verbales pueden interpretarse como signos de engaño. Así podríamos citar el modelo de Ekman y Friesen (1969) basado en la fuga de emociones que el sujeto no es capaz de reprimir, el modelo multifactorial de Zuckerman, DePaulo y Rosenthal (1981), el enfoque emocional de Ekman (1985), el modelo del engaño interpersonal de Buller y Burgoon (1996) o la perspectiva de autopresentación de DePaulo (DePaulo, 1992; DePaulo et al., 2003). Estos enfoques tienen diversos puntos en común, como que los mentirosos pueden experimentar emociones más intensas, niveles más altos de carga cognitiva, o ser más propensos a emplear mayor número de estrategias y más variadas para tratar de causar una impresión convincente en los otros.

Pero la producción científica ha demostrado que las personas sinceras también pueden experimentar emociones intensas (por el temor a no ser creídas, o por verse en esa tesitura de ser consideradas sospechosas, por ejemplo), por lo que las señales de nerviosismo no pueden tomarse como signos de engaño. Respecto a las señales de carga cognitiva tampoco son dominio exclusivo de los mentirosos, ya que las personas sinceras, en algunos momentos, pueden tener que pensar mucho, o esforzarse por recordar algo (por ejemplo al tratar de recordar la matrícula su nuevo vehículo cuando a la mente le viene de forma automática la numeración del antiguo). Sin embargo bajo este segundo prisma la investigación ha permitido crear protocolos de entrevista que provocan y mejoran las señales de carga cognitiva de manera diferencial en sujetos mentirosos y sinceros. Así, en los últimos años se han llevado a cabo diferentes protocolos de entrevista para tratar de obtener y mejorar las diferencias verbales y no verbales entre sujetos mentirosos y sinceros.


Hoy sabemos que en situación de entrevista, o incluso de interrogatorio, es mejor utilizar un enfoque de recopilación de información” en lugar de un enfoque acusatorio, también que es mejor formular preguntas que los supuestos mentirosos no han podido anticipar, o hacerles preguntas temporales; preguntas relacionadas con el tiempo particular que el entrevistado dice haber estado en un lugar determinado, cuando se espera una respuesta preparada siguiendo un guión determinado (por ejemplo, "fui a nadar un rato").

Otra vía novedosa de investigación es el enfoque del abogado del diablo”, en el que los investigadores primero piden al sospechoso que discuta a favor de su punto de vista personal y luego les piden que discuta en contra de ese punto de vista. La técnica se basa en el principio de que siempre será más fácil para las personas presentar argumentos a favor que en contra de su propio punto de vista personal.

En otra línea de investigación, se ha planteado introducir la denominada técnica de "uso estratégico de la evidencia". Dicha técnica está resultando enormemente útil para situaciones en las que los investigadores poseen información potencialmente incriminatoria sobre el sospechoso. En esta técnica, se alienta al sospechoso a analizar sus actividades, incluidas las relacionadas con la información incriminatoria, sin darse cuenta de que el entrevistador posee esta información.

Por último un conjunto de investigaciones que están aportando luz al campo de la detección del engaño es el enfoque de "carga cognitiva impositiva". Aquí se parte del supuesto de que mentir es, con frecuencia, más complejo que decir la verdad. Este enfoque permite a los entrevistadores aumentar las diferencias en la carga cognitiva que experimentan los sujetos sinceros y los mentirosos, al introducir intervenciones mentalmente exigentes que imponen una demanda cognitiva adicional. Si las personas normalmente requieren más recursos cognitivos para mentir que para decir la verdad, a los sujetos les quedarán menos recursos cognitivos, para abordar estas intervenciones mentalmente exigentes, cuando están mintiendo que cuando están diciendo la verdad. Dentro de este enfoque existen diversas formas de imponer esa carga cognitiva adicional a los sujetos entrevistados, como: pedirles que cuenten sus historias en orden inverso, o pedirles que mantengan contacto visual con el entrevistador durante su relato.

Bibliografía

Buller, D. B., & Burgoon, J. K. (1996). Interpersonal deception theory. Communication. Communication Theory , 6, 203–242.

DePaulo, B. M. (1992). Nonverbal behavior and self-presentation. Psychological Bulletin , 111, 203–243.

DePaulo, B. M., Lindsay, J. J., Malone, B. E., Muhlenbruck, L., Charlton, K., & Cooper, H. (2003). Cues to Deception. Psychologycal Bulletin , 129 (1), 74-118.

Ekman, P., & Friesen, W. V. (1969). Nonverbal leakage and clues to deception. Psychiatry , 32, 88–106.

Martínez Selva, J. M. (2005). La psicología de la mentira. Barcelona: Paidós.

Vrij, A., Granhag, P. A., & Porter, S. (2010). Pitfalls and Opportunities in Nonverbal and Verbal Lie Detection. Phychologicall Science , 11 (3), 89-121.

Zuckerman, M., DePaulo, B., & Rosenthal, R. (1981). Verbal and nonverbal communication of deception. En L. Berkowitz, Advances in experimental social psychology (Vol. 14, págs. 1-59). New York: Academic Press.

lunes, 19 de marzo de 2018

La madre y la presunta asesina de Gabriel: Expresiones distintas para finalidades idénticas.


El caso del pequeño Gabriel Cruz ha conmocionado al país entero. Es la peor pesadilla que puede vivir un padre o una madre que profese amor hacia un hijo. Todas las personas de bien nos emocionamos al referirnos al trágico suceso. Lo hicieron los propios agentes de la Guardia Civil cuando dieron con el cadáver, también en la rueda de prensa consiguiente. Lo hicieron la vicepresidenta del Gobierno y el propio ministro del interior durante el funeral del pasado martes. Los homenajes y momentos de recuerdo se han extendido por toda España y son muchas las competiciones deportivas y conciertos musicales que han hecho alguna alusión al pequeño Gabriel. Y es que, cuando muere alguien tan vulnerable como un niño de 8 años, y de esa manera, la conmoción inunda a todas las clases sociales, ideas o profesiones.
 
El cuerpo sin vida de Gabriel fue encontrado por la Guardia Civil el pasado domingo 11 de marzo, doce días después de su desaparición en la localidad almeriense de Las Hortichuelas, en Nijar (Almería). La autopsia ha determinado que Gabriel murió estrangulado el mismo día de su desaparición. La principal sospechosa, Ana Julia Quezada, pareja del padre del menor, fue detenida cuando trasladaba el cadáver del pequeño en el maletero de su coche.

La madre, Patricia Ramírez y la novia del padre, Ana Julia Quezada, han sido motivo de análisis por sus comportamientos y expresiones faciales tan distintas. En algunos medios se habla de dos expresiones de tristeza muy diferentes: una genuina, la de la madre y otra simulada, la de Ana Julia.


Pero, los analistas de comportamiento no verbal siempre deberíamos disponer de toda la información necesaria antes de efectuar cualquier tipo de análisis y ello no siempre es posible. ¿Cómo se comportan habitualmente los sujetos a analizar?, ¿qué gestos llevan a cabo habitualmente?, ¿qué cambios se producen ante determinadas preguntas?, ¿en qué contexto y en qué momento están tomadas las imágenes?, ¿que están escuchando?, ¿qué están diciendo?, ¿son imágenes fijas (instantáneas) o tomadas de vídeos? Para estas y para otras preguntas no siempre conocemos la respuesta y sin embargo nos lanzamos a efectuar análisis de todo tipo.

Como no siempre es posible disponer de toda la información necesaria para hacer un buen análisis, creo que, en esas ocasiones, lo mejor que podemos hacer es callarnos y dejar que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hagan su trabajo. Ellos sí tienen la posibilidad de acumular todo tipo de información, de analizarla, de detectar indicios, de tomar declaraciones y de llevar a cabo un interrogatorio. Además, en concreto la Guardia Civil, cuenta con el apoyo de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Unidad Técnica de Policía Judicial. Nosotros, los analistas del comportamiento no verbal, debemos limitarnos a hechos pasados y a tratar de llevar al terreno de lo científico cualquier tipo de análisis que realicemos.

Porque el terreno de lo no verbal se presta a falsas creencias, a errores y a plantear como científico algo que realmente no acaba de serlo. Si yo afirmara que las expresiones faciales no “expresan” emociones, sino que más bien atribuimos una emoción a una expresión mostrada, seguramente dicha afirmación resultaría muy radical e impopular y chocaría de lleno con muchos de los analistas en comunicación no verbal y con la “sabiduría popular” de la mayoría de los ciudadanos. No obstante, de hacerlo, con ello no estaría afirmando que la expresión facial no esté vinculada a las emociones, sino que la naturaleza de esa relación debería ser examinada y explicada en detalle. Además, ocurre que lo que comúnmente identificamos en un rostro como tristeza (una de las denominadas “emociones básicas o primarias”) es una de las emociones que presentan mayor variabilidad en su expresión facial y cuyo reconocimiento suele ser más impreciso.

Si acudimos al Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS) de Ekman y Friesen (1978) y a su versión referida a las denominadas "emociones básicas" (EMFACS), la expresión prototípica de tristeza conlleva una serie de acciones musculares visiblemente diferentes (Unidades de Acción –AU- observables): la elevación de la parte interior de las cejas (AU1), el descenso de las cejas formando un triángulo (AU4) y el descenso de la comisura de los labios (AU15). La musculatura del rostro implicada sería, principalmente, el frontal, superciliar, piramidal, depresor superciliar y triangular de los labios. Pero entre las expresiones a las que les atribuiríamos la emoción de tristeza también podrían estar implicados otros movimientos faciales y seguiríamos hablando de tristeza; como la elevación de las mejillas (AU6), el remarque del pliegue nasolabial (AU11), la inclinación de cabeza (AU54) o la mirada hacia abajo (AU64), por poner algunos ejemplos.

Si analizamos la fotografía de la derecha, en ella vemos a la madre de Gabriel durante un acto para tratar de buscar a su hijo, antes de conocer el fatal desenlace. En esa imagen, como muchos analistas han detectado, la madre del niño muestra claramente esa elevación de la parte interior y descenso de sus cejas (AU1+4). Pero dichos movimientos también son característicos en las expresiones a las que le atribuye una emoción de miedo y también ocurre que en dicha instantánea no aparece descenso alguno de la comisura de sus labios y sí cierto alargamiento. Pero el descenso de su mirada (AU64) es otro indicador de tristeza y la zona de la boca nos indica que su expresión se acerca más al llanto, con esa separación de labios (AU25) y elevación de barbilla (AU17). Su expresión va más allá de la tristeza, su rostro transmite un dolor intenso, el sufrimiento de una madre cuyo hijo ha desaparecido y cuya vida corre peligro. Su expresión es una señal de socorro, de petición de ayuda desesperada. La posibilidad de perder a un hijo es causa suficiente para generar el dolor y angustia que muestra en su rostro. Son muchos los adjetivos que podrían describir cómo se puede sentir esa madre: afligida, abatida, deprimida, desesperada, impotente, desconsolada, compungida y un largo etcétera. Sin embargo, ninguno de ellos parecería suficiente  para reflejar lo que expresa el rostro de la madre de Gabriel.

Si analizamos la fotografía de la izquierda, en la que aparece Ana Julia, en primer lugar deberíamos hacer mención a la situación en la que fue tomada dicha instantánea. Pero los medios no lo detallan. Sin embargo, en ella vemos a Ana Julia vistiendo una camiseta con la imagen del menor, por lo que podríamos pensar que fue tomada el día en que participó en la concentración de apoyo a los familiares de Gabriel, el pasado 9 de marzo (dos días antes de su detención y de lo que se hicieron eco los medios). Tampoco sabemos qué estaba diciendo o escuchando cuando llevó a cabo ese gesto, con quienes se encontraba y un largo etcétera. Sin embargo, sí sabemos que la emoción atribuida a una expresión depende del contexto en el que ocurre (Carroll y Russell, 1996) y para este caso desconocemos el contexto. Así por ejemplo, está comprobado que en momentos de felicidad también se puede producir llanto y no tener en cuenta el contexto en el que se produce dicha señal, nos podría llevar desafortunado al error de inferir una emoción de angustia o infelicidad, en lugar de felicidad. En el caso que nos ocupa, está claro que su expresión no muestra el dolor y la angustia que muestra la madre, pero, al fin y al cabo, dicha expresión podría estar dentro de la norma: ella no es la madre de Gabriel. Ahora es cuando sabemos que sus sentimientos hacia el niño debían de ser inexistentes, o, mejor dicho, negativos. Su expresión facial no viene acompañada por la acción de la porción medial del músculo frontal, provocando esa elevación de la parte interior de las cejas (AU1). Sus cejas solo descienden y se juntan (AU4), pero ¿ello es indicativo de algo?, ¿por qué el dolor de una “allegada” ha de ser tan intenso o equivalente al de una madre?

Creo que es evidente que, a priori,  en la mayoría de los casos esa diferencia de expresión podría resultar normal. No obstante, Ana Julia lleva a cabo un gesto que hoy interpretamos como intencionado: taparse la boca. ¿Emplea ese gesto para mostrarse condolida?

Dicho gesto suele aparecer cuando presenciamos imágenes impactantes o trágicas. Por ejemplo, cuando un torero sufre una cogida por un toro, o ante imágenes de una barbarie, como un atentado terrorista. También en un momento de preocupación intensa, o cuando tratamos de reprimir una señal emocional, o tras ser conocedores de una noticia dolorosa. Y vuelvo a preguntar ¿en qué momento está tomada esa instantánea?, ¿son comparables ambas situaciones y ambos vínculos afectivos con el niño, para poder sacar conclusiones sobre la falsedad o veracidad de dicha expresión?

Yo solo me atrevería a afirmar que su expresión, al estar presentes distintos medios de comunicación, probablemente trate de producir efectos en el receptor con beneficios para ella: el hacer creíble su inocencia en un momento en el que probablemente ya intuía o sabía que las sospechas recaían sobre ella. Pero si analizamos ambas imágenes bajo el prisma de la ecología de la conducta, la expresión de dolor de la madre también compartiría la misma finalidad: producir efectos en el receptor (la persona que tiene a su hijo) con beneficios para ella (atraer la atención de quien tiene a su hijo, conmoverlo y que lo libere cuanto antes). En ambos casos se trata de intenciones sociales, pero no me refiero a “intencional” como un estado consciente, sino simplemente como una disposición conductual dirigida a la persona que supuestamente tenía secuestrado a su hijo.

Los padres del niño sabían desde el principio que la persona implicada en su desaparición probablemente se encontraba en el entorno familiar o en el grupo de amigos. La madre era consciente de ello y cada intervención pública que hacía –a veces con Ana Julia a su lado- iba en ese sentido: como reclamo de compasión hacia ella, una madre hundida por el dolor. De hecho, la madre llegó a afirmar a la Cope, después de que apareciese el niño, que una vez volcadas las sospechas sobre Ana Julia, “tenía la esperanza de ablandarla”. Y es que, en definitiva, la expresión facial es una herramienta de comportamiento que empleamos para tratar de lograr ciertos objetivos. Y más que expresar emociones, es una estrategia de comportamiento impulsada por los motivos o necesidades del remitente (Fernández-Dols, 2013).

Tras este trágico suceso hay algo que también me atrevería a afirmar con rotundidad: la enorme frialdad y crueldad de Ana Julia Quezada sabedora del sufrimiento que estaba ocasionando a toda la familia del pequeño, pero muy especialmente a la madre y a su propia pareja. Los motivos por los que esta mujer llegó a cometer un acto tan miserable no los conocemos. Si descartamos un móvil económico, probablemente estén relacionados con celos o con un deseo de “posesión” hacia su pareja y a considerar al pequeño Gabriel un obstáculo para sus planes de futuro, o para conseguir plenamente esa “posesión”.

Ahora, con el fatal desenlace, el sentimiento de tristeza de sus padres perdurará y se transformará en angustia. Tristeza y angustia se sucederán y manifestarán en oleadas, en un intento por recuperar la pérdida. Pero también habrá momentos de rabia. Rabia contra la vida, contra Ana Julia, quizás contra Dios, contra ellos mismos por no haber expresado sus sospechas, de uno contra el otro por no haber impedido su muerte… aunque racionalmente no se haya podido hacer nada por impedir el fatal desenlace. Ese estado disfórico se prolongará hasta que con el paso del tiempo empiecen a desvanecerse poco a poco esos sentimientos, pero el recuerdo del pequeño Gabriel les acompañará para el resto de sus vidas. Ojalá que todo el apoyo social recibido al menos les sirva para que, en ese recuerdo, también haya instantes agradables. 


Referencias

Carroll, J. M., & Russell, J. A. (1996). Do facial expressions signal specific emotions? Judging the face in context. Journal of Personality and Social Psychology, 70, 205-218.

Ekman, P. (2003). Emotions revealed: Recognizing faces and feelings to improve communication and amotional life. New York: Times Books.

Ekman, P., & Friesen, W. (1978). Facial Action Coding System: A Technique for the Measurement of Facial Movement. Palo Alto: Consulting Psychologists Press.

Fernández-Abascal, E. G., & Chóliz Montañés, M. (2001). Expresión facial de la emoción. Madrid: UNED.

Fernández-Dols, J. M. (2013). Nonverbal communication: origins, adaptation and functionality. In J. A. Hall, & M. L. Knapp (Eds.), Nonverbal communication (pp. 69-92). Berlín: De Gruyter Mouton.


miércoles, 28 de febrero de 2018

Aland Fridlund y la expresión facial humana


Alan J. Fridlund, es un psicólogo social y clínico interesado en la etología humana (especialmente en lo concerniente a comunicación no verbal), la neuroética, la psicopatología y la sexología. Ganó el Premio Distinguished Early Career Contribution de la Society for Psychophysiological Research y fue miembro de la Facultad de Psicopatología Experimental de la Universidad de Pensilvania. Es autor de Human Facial Expression: An Evolutionary View (Academic Press, 1994).


Para Fridlund existen dos perspectivas diferentes sobre la vinculación del rostro humano y la emoción: una que denomina "clásica" y otra "ecológico- conductual". Según la perspectiva clásica, las expresiones faciales tienen una base innata, son fijas y establecen una relación necesaria y suficiente con las emociones. Sin embargo, la perspectiva ecológico-conductual mantiene que las expresiones son pautas fijas de acción que no denotan emociones, sino que sirven para establecer comunicación e interacción social.

Fridlund asume que existe cierta asociación entre rostro y emoción, pero plantea el interrogante de cuál es la naturaleza de esa asociación y qué papel representa la cultura en dicha asociación. Para él las conductas faciales de exhibición pueden ser entendidas sin recurrir a la emoción y los rostros pueden expresar motivos y contextos en lugar de emociones. En definitiva plantea que “las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social” (Fridlund, 1994, pág. 212). Para la Ecología de la conducta, los rostros exhiban motivaciones sociales, que únicamente son comprensibles para el contexto en el que surge la motivación (pág. 314).


La teoría de la universalidad de las emociones primarias se ha mantenido como cierta durante muchos años, pero la obra de Fridlund (1994), así como diversos estudios, como los realizados por Russell o por Crivelli y Fernández-Dols, han mostrado que esto no es así. En concreto, en el estudio realizado en 2011 por Carlos Crivelli  y José-Miguel Fernández-Dols, con personas de las Islas Trobiand (Papúa Guinea), concluyeron que solo en el caso de la felicidad (sonrisa) había universalidad, pero en el resto de emociones hubo un cruce entre el gesto y la emoción. Para dichos autores las emociones no provocan reacciones fisiológicas naturales, sino que las interpretaciones pueden variar de una cultura a otra.

Línea de investigación actual
Sus intereses de investigación actualmente se centran en cómo las expresiones faciales afectan la interacción social, incluida la interacción con otras personas implícitas (inanimadas y / o no humanas) y otras imaginarias.

Sus publicaciones más relevantes

ü  Gleitman, H., Fridlund, AJ, y Reisberg, D. (2003). Psicología (6ª Ed.). Nueva York: Norton.
ü  Fridlund, AJ (1994). La expresión facial humana: una visión evolutiva. San Diego, CA: Prensa académica.
ü  Fridlund, AJ (2002). La vista de ecología del comportamiento de la sonrisa y otras expresiones faciales. En M. Abel (Ed.), Una reflexión empírica sobre la sonrisa . Nueva York: Edwin Mellen Press.
ü  Fridlund, AJ, y MacDonald, M. (1998). Enfoques de Goldie: un estudio de campo de la respuesta humana a la adolescencia canina. Anthrozoös , 11 , 95-100.
ü  Fridlund, AJ (1997). La nueva etología de las expresiones faciales humanas. En JA Russell y J. Fernandez-Dols (Eds.), La psicología de la expresión facial(pp. 103-129). Cambridge: Cambridge University Press.
ü  Fridlund, AJ, y Duchaine, B. (1996). "Expresiones faciales de la emoción" y el delirio del yo hermético. En R. Harré y WG Parrott, The emotions (pp. 259-284). Cambridge: Cambridge University Press.
ü  Fridlund, AJ (1992). El antidarwinismo de Darwin y la expresión de las emociones en el hombre y los animales. En KT Strongman (Ed.), Revisión Internacional de la Emoción (Vol. 2) (Pp. 117-137). Nueva York: Wiley.
ü  Fridlund, AJ (1991). La sociabilidad de las sonrisas solitarias: efectos de una audiencia implícita. Revista de Personalidad y Psicología Social , 60 , 229-240.
ü  Fridlund, AJ, y Loftis, JM (1990). Relaciones entre las cosquillas y la risa humorística: apoyo preliminar a la hipótesis de Darwin-Hecker. Biological Psychology30 , 141-150.






viernes, 23 de febrero de 2018

Anna Gabriel: señales de sumisión y ausencia de amenazas hacia las autoridades suizas


Está claro que Anna Gabriel es una mujer inteligente y sabe adoptar la apariencia que considera más adecuada para tratar de alcanzar sus objetivos. La conducta adaptativa es un concepto vinculado en origen a la Biología. Darwin (1859) resaltó la capacidad del organismo para ajustarse a su entorno como mecanismo clave del proceso evolutivo. En Antropología existen diversas corrientes que plantean que en las culturas de las sociedades humanas las conductas adaptativas son la vía que éstas emplean para superar exitosamente las limitaciones que impone el hábitat. Para la Sociología, en el proceso de socialización la conducta adaptativa nos llevaría a adoptar las conductas y valores propios de una sociedad determinada. Y es que para la Sociología los agentes de socialización (como el grupo de pertenencia, o la familia) conducen a la adaptación del individuo a su entorno social y a diferentes grados de conformidad o uniformidad en conductas, pensamientos y aceptación de determinadas normas (Montero, 2005)..


En ese sentido, el cambio repentino en apariencia y conducta de Anna Gabriel, podría responder a ese intento de adaptación a su nuevo entorno social, lejos de su grupo de pertenencia. La apariencia es un canal de información no verbal muy potente que permite identificar y “etiquetar” a las personas. Hasta ahora, a la exdiputada le ha interesado identificarse con determinada corriente política y social. Su sello de identidad ha sido vestir con esas camisetas con mensajes antisistema y lucir esos peinados y cortes de pelo “rompedores”. Pero, parece ser que ha llegado el momento de hacer como el camaleón y transformar su apariencia, probablemente porque su estrategia actual es tratar de empatizar con los ciudadanos y con las autoridades suizas. Al fin y al cabo, su futuro penal y laboral depende de ello. Su imagen pública ya no es tan coherente con las ideas que defiende, pero una cosa son las ideas y otra muy diferente la “supervivencia”.


Todos sabemos que mostrar una amplia sonrisa genera una reacción positiva en los demás. La utilizamos en múltiples situaciones sociales con la intención de ser amistosos; en otros casos como señal de apaciguamiento (por ejemplo cuando llegamos tarde a una reunión). La expresión facial en situaciones de alta activación puede mostrar emociones, pero en la mayoría de los casos está vinculada a la comunicación de intenciones, a motivos sociales. Para la Ecología del comportamiento, las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social (Fridlund, 1994). Según afirman Fernández-Dols y Crivelli (2013), diversos estudios naturalistas de tradición etológica han demostrado que las sonrisas, en lugar de ser explicadas como señales de emoción con un significado fijo, son mejor explicadas como conductas que satisfacen diversas funciones adaptativas y que tienen un valor referencial flexible. Así, citan diversos trabajos que ponen de manifiesto múltiples funciones diferentes de la sonrisa: como una invitación sexual (Moore, 1985), en el marcado del estatus sociométrico (Cashdan, 1998), en bromas ambivalentes (Keltner, Young, Heerey, Oeming y Monach, 1998), como expresión de afecto y aceptación y -unida al “flash de cejas” (elevación rápida de cejas)- como invitación social (Eibl-Eibesfeldt, 1998), o como mensajes de predisposiciones cooperativas para compartir recursos materiales (Mehu, Grammer y Dunbar, 2007).

Siguiendo la línea marcada por la Ecología de la conducta, en el caso de la entrevista ofrecida por Anna Gabriel a la cadena suiza RTS, su sonrisa cumpliría una función de expresión de afecto y aceptación, transmitiendo su deseo de ser amistosa, su disposición y deseo de afiliarse; lo que correlacionaría con su intención de residir en Suiza y retomar su carrera como profesora universitaria (intenciones laborales y, si fuera necesario, de asilo político).


En dicha entrevista ha cambiado la expresión feroz a la que, en muchas ocasiones, nos tenía acostumbrados, por una expresión más dulce y amable, llegando a dar muestras de debilidad. Ladear la cabeza es una forma de decir que está cómoda, que se muestra cordial y receptiva. Pero también puede ser una señal de sumisión y ausencia de amenaza, porque al ladearla dejamos expuesta la garganta y hace que parezcamos más pequeños de tamaño y menos amenazadores. El propio Darwin indicó que cuando la gente se siente sumisa tiene tendencia a inclinar la cabeza, con lo cual consigue un aspecto más bajo y menos amenazador. 




La costumbre de bajar la cabeza como signo de sumisión es común a muchas culturas y se sigue llevando a cabo ante ciertas autoridades como reyes, emperadores y presidentes de gobierno (curiosamente en España el protocolo del saludo a nuestro monarca no exige la inclinación de cabeza como señal de respeto y sumisión). También en diversas situaciones hacemos uso de ese gesto a modo de disculpas, como pidiendo perdón por los inconvenientes que hemos podido ocasionar (por ejemplo al pasar entre de dos personas que están conversando). 

Muchos animales, como los perros y los lobos, ofrecen su cuello a otro animal más dominante de su misma especie en señal de sumisión; además encogen el cuerpo hasta quedar casi agazapados y simular así la altura de un cachorro (incluso suelen lamer el morro del dominante como haría un cachorro). Quizás por ello, para autores como Allan y Bárbara Pease (2006), la cabeza inclinada exhibe un cuello vulnerable y hace que la persona parezca más pequeña y más sumisa. 


Anna Gabriel utiliza los gestos de ladear la cabeza y asentir con ella porque sabe, o intuye, que de esta manera su interlocutor y, por extensión toda la audiencia que va a ver esa entrevista, empezarán a sentirse confiados con ella, ya que ofrece un aspecto no amenazador. A ello contribuye también su nueva apariencia, ahora más aniñada.

En definitiva, su cambio de apariencia, ahora más acorde a la mayoría de la población, y sus muestras de cordialidad y sumisión, no son más que exhibiciones para tratar que las autoridades y población suiza empaticen con su causa.


Trabajos citados


Darwin, C. (1859). El Origen de las Especies.

Fernández-Dols, J. M., & Crivelli, C. (2013). Emoction and Expression: Naturalistic Studies. Emotion Review, 5(1), 24-29.

Fridlund, A. J. (1994). Expresión facial humana. Una Visión Evolucionista. (J. Cerdas Ibañez, & I. Cardas Ibánez, Trads.) Bilbao: Desclée De Brouwer.

Moreno, D. (2005). La conducta adaptativa en el panorama científico y profesional actual. Intervención Psicosocial, 14(3), 277-293.

Pease, A., & Pease, B. (2006). El lenguaje del cuerpo. Cómo interpretar a los demás a través de sus gestos. Barcelona: Amat, S.L.
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viernes, 24 de noviembre de 2017

Manifestaciones de la personalidad de Donald Trump a través del saludo

Hoy sabemos que la personalidad y estética de un candidato político tienen una enorme influencia en el apoyo de sus electores, hasta el punto de llegar a tener mayor peso que sus programas políticos.

Parece indiscutible que Donald Trump posee una personalidad muy marcada que despierta pasiones a favor y en contra de su persona y son muchos los europeos que siguen sorprendidos por el hecho de que un líder tan excéntrico como Trump haya podido llegar a la presidencia de los Estados Unidos.


Pero, ¿cuáles son esas características de personalidad que le han catapultado a esa presidencia? 

Haciendo un breve análisis podríamos decir que entre esas características de personalidad están el ser un gran manipulador, con un discurso populista que apela a grandes pasiones y a ideas cada vez más difundidas entre la población americana (necesidad de unión y defensa contra la invasión de otras culturas y poblaciones, rechazo al feminismo más radical, etc.). También parece presentar algunos rasgos narcisistas, dando continuas muestras de ostentación de riqueza y de una necesidad imperiosa de ser admirado y de mostrar poder. No entraré en si es o no racista y misógino, pero alguno de sus discursos así lo ha dejado entrever. También parece dar muestras de despreciar a los que considera inferiores, sintiéndose poderoso y mejor que los demás. La extraversión es otra característica de su personalidad: le gusta estar rodeado de gente y expresarse públicamente. Pero a la vez es grosero, arrogante y carente de empatía. También da muestras en público de ser una persona autoritaria, intolerante (pensemos en sus ideas sobre los inmigrantes) y agresiva (sobre todo ante la crítica) y no es extraño que de todo ello de muestras a través de su comportamiento no verbal. En este sentido, analizaré algunas imágenes que han aparecido en distintos medios, donde a través de un gesto tan “simple” y universal como es el saludo (materializado en el típico apretón de manos), se deja entrever esa necesidad de imponerse a los demás, de mostrar poder, de ser el centro de atención, de su arrogancia, de su irrespetuosidad, etc. 

VIDEO 1- Apretones impositivos
En este vídeo se detallan algunos de los típicos apretones de manos de Donald Trump. Es característico en él realizar un tirón de brazo hacia él de manera brusca. Una explicación a estas “sacudidas” sería su deseo de imponerse a los demás en esas situaciones, llevando a cabo algo inesperado. El “tirón” de Trump supone una salida de la norma y de las expectativas del otro. Este saludo le permite tomar el control para imponerse a la persona de enfrente, pero da muestras también de su desprecio y ruptura con el protocolo habitual entre dos personas que deberían considerarse y tratarse como iguales.



VÍDEO 2. Donald Trump y Shinzo Abe: un incómodo y prolongado apretón de manos
En estas imágenes, tomadas de la reunión bilateral mantenida en la Casa Blanca, en febrero de 2017, entre Donald Trump y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, el presidente americano permanece durante 17 segundo "tomando la mano" del primer ministro japonés. Una imagen que podría recordar a los típicos besamanos que llevaría a cabo un caballero ante una venerable dama y que, unido a la postura forzada que le provoca (codo elevado, muñeca flexionada y tirando de su brazo), seguramente generó incomodidad al primer ministro.

La duración de un saludo, cuando es espontáneo y no intencionado, puede estar vinculada al grado de emotividad que transmite una persona a otra y, tanto los saludos excesivamente cortos (de unos 2 segundos), como prolongados (de unos 9 segundos), no resultan muy bien valorados por la mayoría de los sujetos (Petisco, 2014, pág. 90).



En el caso que nos ocupa, Trump ofrece su mano con la palma hacia arriba, pero no adoptando una actitud sumisa, sino dominante. Su ofrecimiento parece comunicar, más bien, "te concedo el poder", "tengo el poder de otorgarte el poder por un momento", para al final -tras hacer unas caricias en las manos del primer ministro-  dar unas "palmaditas" sobre ese apretón de manos. Acariciar la mano de alguien de esa manera, podría ser interpretado como un cariñoso gesto de aprobación, pero, en el caso de Trump, se añaden las típicas palmadas para transmitir dominio, por lo que dicho gesto iría encaminado a recordar al ministro japonés quién está al mando (como clara manifestación de dominio).

Por último, cuando el primer ministro logra zafarse de Trump, muestra un significativo gesto de asombro en su rostro; expresión que podría estar vinculada al alivio que le produce haber finalizado con esa situación tan incómoda.


VIDEO 3- El juego de poder entre Trump y Putin
Analicemos brevemente el apretón de manos llevado a cabo entre Donald Trump y Vladimir Putin durante la Cumbre del G 20, celebrada los días 7 y 8 de julio de 2017 en la ciudad de Hamburgo (Alemania).

Los animales, en situaciones de peleas (o en rituales de cortejo) utilizan distintos recursos para parecer más grandes, pero el hombre no puede hinchar sus plumas, como hacen las aves, o erizar su pelo, como hacen los gatos, para parecer más imponente. Por ello, el ser humano cuando se siente amenazado  puede llevar a cabo gestos y posturas para tratar de conseguir una presencia física de mayor tamaño (como llevarse las manos a las caderas, o apoyar los codos en jarra en los brazos del sofá). En estas imágenes se pueden observar posturas expansivas en ambos personajes, tratando de ocupar más espacio.

Los brazos en jarra de Putin tienen el valor de amenaza, con sus codos en punta, a modo de arma para evitar que el otro se acerque. Dicha pose, mostrarían cierta disposición para el “ataque”. Por otra parte, ambos permanecen con las piernas abiertas, destacando su masculinidad (exhibiendo la entrepierna), lo que no deja de ser sino una señal de dominio, ya que destaca los genitales y les proporciona ese aspecto de macho dominante.
Por su parte, Putin lleva a cabo un gesto adaptador con sus manos, lo que denotaría cierta intranquilidad, mientras que Trump adopta el gesto de las “manos en ojiva” o “campanario”, tratando de transmitir confianza y seguridad.


Trump da el apretón con la palma hacia arriba (supinación), pero este gesto más que comunicar una actitud sumisa, se podría interpretar como una muestra de su disposición ante su interlocutor (mano abierta, pero observemos la tensión del pulgar).

En otro saludo Trump lleva a cabo un “apretón de manos reforzado”, empleando ambas manos y tocando con su mano izquierda el codo de Putin. Con este gesto Trump trataría de mostrar una conexión íntima con Putin, pero también controlar sus movimientos y transmitir poder. Normalmente la intención de un apretón realizado con las dos manos sería transmitirle al otro sinceridad, confianza y sentimientos profundos; pero en este caso es una forma de transmitir cierta intención de intimidad y su deseo de control sobre Putin (pequeños toques por debajo del codo).

(Pág. en construcción: pendiente de añadir otros vídeos)