sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Por qué desviamos la mirada de nuestro interlocutor cuando mantenemos una conversación?

Parece ser que el contacto visual interrumpe los recursos disponibles para los procesos de control cognitivo durante la generación de palabras.


La mirada es un elemento importante de la Kinesia, de tal forma que el establecer o no contacto ocular puede cambiar por completo el significado de una situación (Martos, Grau, & Petisco, 2016).

Mantener durante un tiempo inadecuado la mirada puede tener consecuencias sociales ya que, a través de la mirada, se comunican actitudes interpersonales, sentimientos o características de la personalidad. Una persona que mantiene de forma extrema una mirada fija, será considerada como hostil o dominante, mientras que si una persona desvía frecuentemente la mirada, podrá ser considerada como tímida, sumisa, antipática o como muestra del deseo de terminar la interacción (Martos, Grau, & Petisco, 2016).

Pues bien, no todas las personas tienen la misma opinión sobre la duración adecuada para que ese contacto ocular para que llegue a resultar incómodo. Un reciente estudio (Binetti, Harrison, Coutrot, Johnston, & Mareschal, 2016) publicado en Royal Society Open Science, concluyó que la duración preferida de contacto visual de las personas promediaba los 3,3 sgs. Este estudio demostró que el período preferido de la duración de la mirada no depende de características como el género, los rasgos de personalidad o lo atractivo/a que nos resulte la otra persona. Los investigadores encontraron que los sutiles cambios pupilares, indicativos de excitación fisiológica, correlacionaban con el tiempo de contacto visual que las personas consideraban como cómodo. En concreto, las personas que preferían un contacto visual más prolongado mostraban aumentos más rápidos en el tamaño de sus pupilas cuando veían a la otra persona, que aquellos sujetos que preferían un contacto ocular más corto. Concluyeron que esta duración era señalada por índices fisiológicos (dilatación pupilar), más allá del control volitivo, que podrían desempeñar un papel modulador en el comportamiento de la mirada.
Pero, aparte de mantener más o menos tiempo la mirada, está claro que cuando mantenemos una conversación, con cierta frecuencia, apartamos la mirada de nuestro interlocutor. ¿Por qué lo hacemos?
Según un reciente estudio (Kajimura & Nomura, 2016) mantener la mirada durante una conversación supone un esfuerzo que interfiere con el trabajo de buscar palabras para mantener dicha conversación, por lo que tendemos a desviar la mirada de nuestro interlocutor cada cierto tiempo. Para estos autores mantener el contacto visual le supone un esfuerzo al cerebro. Ese contacto visual interrumpe los recursos disponibles para llevar a cabo los procesos de control cognitivo necesarios para la búsqueda de las palabras adecuadas para mantener la conversación. Por tanto, el contacto visual y el procesamiento verbal compartirían recursos cognitivos perjudicando a los procesos de generación de palabras (es decir a la recuperación y selección). Por ello, a veces optamos por romper esa situación, para poder dedicar más recursos a la búsqueda de palabras para mantener la conversación de manera fluida.

En su experimento le pidieron a 26 sujetos que llevaran a cabo una actividad de asociación de palabras, consistente en buscar un verbo relacionado con la palabra facilitada por el experimentador (ejemplo: si le facilitaban la palabra “pistola”, un verbo asociado podía ser “disparar”). Los nombres facilitados variaban en complejidad para provocar mayor o menor carga cognitiva en el cerebro de los sujetos. A la vez que realizaban dicha tarea, le pidieron a los sujetos que mantuvieran la mirada de una persona que aparecía en una grabación de video. En dicha grabación, el sujeto de la imagen tardaba más o menos tiempo en romper el contacto visual, o desviaba la mirada. Pues bien, los investigadores detectaron que los individuos que veían rostros con los ojos dirigidos hacia ellos, retrasaban la generación de palabras más que los individuos que veían una película de rostros con la mirada desviada hacia otro lado. También compararon el tiempo que los sujetos necesitaban para la búsqueda de palabras con el tiempo en que la imagen tardaba en romper el contacto visual. De esta forma descubrieron que los sujetos necesitaban más tiempo para buscar las palabras más complejas, pero que esto apenas se notaba si no existía ese contacto visual, concluyendo que este efecto solo está presente cuando las demandas de recuperación y selección de palabras son altas. Esos resultados apoyan la hipótesis de que el contacto visual (canal no verbal) comparte recursos cognitivos con la búsqueda y generación de palabras (canal verbal) y que uno puede interferir en el otro.
Por tanto, no solo apartamos la mirada para evitar intimidar a la otra persona, o para no resultar hostiles, sino porque a veces nuestro cerebro trata de evitar una sobrecarga cognitiva.

Trabajos citados

Binetti, N., Harrison, C., Coutrot, A., Johnston, A., & Mareschal, I. (6 de July de 2016). Pupil dilation as an index of preferred mutual gaze duration. Royal Society Open Science.
Kajimura, S., & Nomura, M. (2016). When we cannot speak: Eye contact disrupts resources available to cognitive control processes during verb generation. Cognition, 157, 352-357.
Martos, A., Grau, M., & Petisco, J. M. (2016). Otros canales. En R. M. López Pérez, F. Gordillo León, & M. Grau Olivares, Manual de Análisis de Comportamiento no Verbal: más allá de la comunicación (págs. 115-128). Madrid: Pirámide.